domingo, 4 de noviembre de 2012

SUMERIA



Sumeria es una región entre los ríos Éufrates y Tigris, cuyos habitantes – de origen incierto – desarrollaron la civilización que lleva su nombre y que abarca un periodo histórico aproximado entre el 5.000 y el 1.700 a.c. (dinastía de Isin)
Un sacerdote llamado Beroso, del siglo III a.c., denomina a los pobladores de esta región: “pueblo de las caras negras”. Otros, simplemente: “cabezas negras”. Los sumerios, como dije antes, mas listillos o tal vez favorecidos por la climatología y los buenos alimentos y que más o menos vivían para ver salir el sol y divertirse durante los intervalos temporales en no se mataban entre sí, se dieron a inventar cosas tan fútiles y banales como el torno de alfarería y el horno (4000 a.c.) la rueda (3500 a.c.) o la escritura (3.300 a.c.) que primero a manera y modo de pictogramas, pronto se convertiría en cuneiforme por arte de unos estiletes de caña.
En la actualidad no se puede afirmar taxativamente que fueron los sumerios más listos que los hindúes, chinos, japoneses o los habitantes de la actual Rumanía/Bulgaria (Civilización Cucuteni o de la “Vieja Europa”, 6000 a.c.), donde también aparecieron rudimentarias ruedas, alfarería o agricultura consolidada desde hace diez o trece mil años y si he de aventurar una hipótesis (desde la ignorancia histórica) lógica, diría que todos los humanos son exploradores y los viajes entre culturas o entre pueblos, eran tan frecuentes que solían transmitirse sus respectivas culturas o parte de ellas y algunos las modificaron dependiendo de las condiciones y de las circunstancias particulares.
Como ocurre en la actualidad en que la mayoría de los inventos provienen de la investigación armamentística, los sumerios iban  adaptando a la vida cotidiana sus  “innovaciones” de guerra o como consecuencia de la misma, que suena mejor y es un buen eufemismo.
En fin, allá por el año 3500 a.c., entre los dos grandes ríos del Paraíso, en lo que ya se podía denominar una ciudad y llevados posiblemente por tiempos de abundancia y paz, las gentes de orden se dieron a pensar. Un buen día se percataron de los muchos y variados artículos  que poseían y  se encontraron con la necesidad de catalogarlos (tampoco sabían que era un catálogo, pero lo descubrieron y vete tú a saber cómo lo llamaron: ¿tablilla tal vez?).
No es el momento de relatar el trabajo de los escribas, personajes que pertenecían a la aristocracia local, hijos de ricos comerciantes o de la nobleza. Gente destinada a perpetuar sus transacciones y formar a más escribas, para lo que crearon las primeras escuelas, gracias a las cuales y a las labores de copia en ellas desarrolladas, hoy tenemos miles de tablillas de todo tipo.
Pero sí es tiempo de contar que los sumerios fueron una civilización floreciente que destinó buena parte de su tiempo a organizar sus riquezas, elaborando la escritura cuneiforme y adelantándose en varios siglos a los fenicios que inventaron algo parecido y más trabajado: el alfabeto. Lo hicieron más que nada para poder constatar sus transacciones, pero una vez puestos y aprovechando el invento, crearon literatura. Se empieza a tener constancia del viejo aserto que sirve para casi todas las ocasiones: primero comer y luego filosofar.
También se divertían procreando que esto ocurre desde siempre y si no, no estaríamos aquí y ahora. Necesitaban multiplicarse mucho porque también morían muchos por un amplio listado de motivos, desde una infección de muelas hasta por designo divino. También se mataban mucho entre si desde que el chamán les expulsó del poblado de origen. Así que a engendrar.
De la civilización sumeria se desconocía prácticamente todo después de siglos de ahogo debido a que la mayoría de estudiosos estaban centrados en las rutilantes excavaciones de Mesopotamia. La que nos ocupa fue descubierta y traída a primer plano hace poco más de cien años, mientras buscaban cosas de los asirios y babilonios en la ciudad de Uruk. De pronto comenzaron a emerger tablillas de barro con escritura cuneiforme y aparecen los SUMERIOS como por arte de magia.
Vieron la luz gracias a unos señores admirables (bajo mi particular prisma) llamados arqueólogos. Son “pequeños sabios” descritos por Samuel N. Kramer como individuos que adquieren su categoría después de muchos años publicando artículos de consumo universitario o en revistas especializadas entre colegas, de quien los mortales jamás recordamos el nombre pero si sus hallazgos más espectaculares. Todos tenemos en mente la imagen de Tutankhamon o la máscara de Agamenón, pero poco sabemos (los comunes) de sus descubridores, por poner tan solo dos ejemplos.
Pero los sumerios inventaron muchas cosas – por eso eran más listos que su entorno – y algunas tan transcendentales y llamativas como una democracia rudimentaria con su cámara baja y su senado, la una rellena de guerreros y señores y la otra de viejecillos sabios. La estructura social era piramidal y bastante absoluta. Arriba el rey y el sumo sacerdote, muchas veces fundidos en la misma persona. Un poco más abajo, los señores de la guerra, funcionarios de alto nivel, escribas y comerciantes, artesanos y campesinos y en la base los esclavos. Si es que las cosas durante milenios han cambiado muy poco.
Pues bien, se da el caso que las aldeas se iban estructurando en torno al templo y  éstas en ciudades estado más organizadas, donde había un consejo de ancianos a manera de senado, al que recurría el rey en caso de problema o asunto de incumbencia general como solía ser un ataque de la ciudad vecina o de otra más poderosa. Y cuando los vejetes tenían intereses distintos al populacho y se oponían a los designios del reyezuelo, éste pasaba de ellos y se iba a la “cámara baja” o asamblea de moradores con armas y arrestos para defenderse, les explicaba su punto de vista y se saltaban a la “pata coja” los consejos de los viejos.

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